"Dogs are better than human beings because they know but do not tell." Emily Dickinson

Cuando el hastío se presenta y la huida pareciera la única posibilidad para seguir estando, la mirada se detiene siempre sobre ese perro que al lado duerme. Cuando todo se agota queda la afirmación de querer un perro ser y, lejos de cualquier negación, este deseo reconoce la presencia y significado de estos seres que se envuelven sobre sí mismos y acompañan hasta al más solitario y silente de los otros seres. No hay mirada, solo respiración concentrada en la presencia bajo la figura del ouroboros: todo vuelve a su principio, línea que termina en sí misma.

La figura del perro presente, durmiente, inerte, es el resultado del ocio, del mío y del suyo, pues hayo una tranquilidad relativamente estable cuando me propongo dibujar líneas cortas que pelaje pretenden ser. Nada debo pensar, nada justificar, mientras los segundos se materializan al ser trazados. Hay una relación de tiempo y habitar aquí, de sobrevivir, trazar me hace estar y no pensar más que en el ritmo de mi respiración que es al mismo tiempo el ritmo de esa capa que protege un cuerpo de ficción, ese que sólo el lápiz puede llegar a ser. Yo sigo respirando aquí, entre mis costillas y el eco de la cabeza que insiste en no poder entender que no hay nada por entender.

Yo quiero ser un perro, quiero un perro ser. Quiero ser un perro famélico que acompaña a la mujer que mira hacia arriba y en su compañía se hace una bolita. Quiero ser un perro con tanto pelo que ni los ojos se le puedan ver, ese perro que los mira a todos sin que nadie note lo que él ve, cuando abiertos sus ojos estén o cerrados sueñen ellos también. Quiero un perro ser, uno que duerme y corre por paisajes sin profundidad cuando son sus patas quienes se mueven azarosamente en sentido horizontal. Quiero ser un perro de esos que gruñen mostrando los dientes, uno de esos que jamás duermen un sueño profundo.